Tratamiento de la información sobre sucesos

12 mayo 2009

Documentación aportada por LOURDES MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, profesora de periodismo especializado en la Universidad de Murcia

1.- Tratamiento de la información sobre sucesos

En las informaciones sobre sucesos hay que tener especial cuidado con el lenguaje:

– Los supuestos autores de un delito siempre son “presuntos” hasta que no se demuestra su culpabilidad.

(Sobre el término “presunto” el Tribunal Constitucional exigía la expresión “presunto autor” para referirse a quien era citado por el juez de instrucción para declarar como imputado de un delito, o simplemente había sido denunciado por el mismo. Sin embargo, a partir de las aportaciones del juez decano de Barcelona, Joaquín Bayo, la expresión es utilizada de manera incorrecta: si “presunto” es aquello que se considera “cierto” mientras no se pruebe lo contrario, si decimos que alguien es “presunto autor”, estamos afirmando que lo es, salvo que se demuestre lo contrario. Para evitar este error, sería preferible utilizar expresiones como “aparente autor”, “sospechoso de ser autor”, “supuesto autor”, “inculpado del delito de[1])

(*Pese a estas recomendaciones del juez Bayo, en la práctica casi todos los medios utilizan la expresión “presunto”).

– Una persona llamada o llevada a comisaría no es un detenido hasta que no se dicte la orden de detención correspondiente.

– Un detenido no es sospechoso hasta que el juez considera que existen indicios racionales de que cometió o participó en un delito.

– Una persona puede ser detenida en relación con un robo sin ser acusada de haberlo cometido.

– Un acusado de robo puede estar en libertad pocas horas después, aunque la acusación siga su curso.

– Se puede publicar cualquier información obtenida por medios legales, pero no deben publicarse datos que entorpezcan una investigación.

– En la información sobre sucesos es muy importante la atribución de fuentes, puesto que nos encontraremos con versiones contradictorias (por ejemplo, entre el detenido y la policía; o el detenido y las víctimas o sus familiares; entre diversos testigos, etc.).

– Se podrán usar fuentes genéricas o no atribuibles cuando la información que nos aporten sea relevante, pero no debemos abusar de este tipo de atribución.

– Un riesgo que debemos evitar en el periodismo de sucesos es el recurso al sensacionalismo.

Algunos recursos habituales en el Periodismo de Sucesos y cercanos al sensacionalismo, de los que no debemos abusar:

§ Lingüísticos: por ejemplo, adjetivos descalificativos. Es habitual también el “uso estratégico de la irrelevancia” (Van Dijk: 1993), se refiere a incluir determinados datos irrelevantes sobre algunos actores de la noticia (por ejemplo: etiquetas étnicas o raciales), que pueden tener implicaciones ideológicas para los lectores. (Por ejemplo, cuando se menciona la nacionalidad del presunto autor: un marroquí, un ecuatoriano, etc.).

§ Paralingüísticos: titulares apelativos; tipografía “catástrofe” (titulares breves, impactantes a gran tamaño de letra), uso del humor negro. Uso destacado de la infografía (las infografías pueden ser muy útiles para explicar el lugar, los detalles de un suceso, etc., pero no se debe usar para recrearse en detalles escabrosos).

§ No lingüísticos: uso destacado de la fotografía (a veces también para remarcar detalles escabrosos)

(En la práctica, según señala Fernández Pedemonte, todos estos rasgos reaparecen en los diarios serios, aunque menos exacerbados[2]).

1.1.- Tratamiento gráfico de los sucesos: el debate sobre las imágenes

Sobre el tratamiento gráfico de los sucesos, existe un debate constante sobre si se deben o no publicar fotografías e imágenes de contenido duro o violento.

Ninguna ley prohíbe la difusión de este tipo de imágenes, por lo que es necesario apelar al campo de la ética.

Los libros de estilo de los medios no suelen ser muy explícitos en este aspecto. Por ejemplo, el libro de Estilo de El País, menciona únicamente que las fotografías con imágenes desagradables sólo se publicarán cuando añadan información.

Desde un editorial de El Mundo y poco después de la muerte de Diana de Gales, se indicaba lo siguiente:

Es hora de que aceptemos de una vez por todas que la vida personal y afectiva de los personajes, por muy públicos que sean, no es noticia si no afecta a los intereses generales. Si en las fotos de París no aparecen sino cadáveres y seres agonizantes, no existe justificación informativa real para su publicación”

Sin embargo, dos días después –el 4 de septiembre de 1997- este mismo diario abría la sección de Madrid con una fotografía de un equipo del SAMUR atendiendo a un herido grave en un accidente de tráfico, dentro de su coche.[3]

Con el atentado del 11-M en Madrid se han sucedido también las críticas por la publicación de determinadas imágenes sobre los muertos y heridos en los distintos periódicos. En este sentido, el Defensor del Lector de La Vanguardia, Josep María Casasús, señalaba en la edición del 14 de marzo de 2004, que su periódico había sido fiel “a una tradición periodística catalana representada por el principio que el poeta y articulista Joan Maragall señaló hace unos cien años como un valor de esta profesión: “Serenidad de vista y sobriedad de expresión es el ideal de nobleza del periodismo y la mayor garantía de eficacia” (Obra Completa, pág. 955)”.

La portada de La Vanguardia tras el atentado titulaba “11-M en Madrid” y mostraba una gran fotografía con un vagón de tren destrozado por la explosión. Sobre esta portada, el Defensor del Lector señala que en la portada “se evitaron las imágenes de cuerpos destrozados, tan reprobadas por muchos lectores, que consideran que sobre todo en las portadas –que cumplen en parte la función de tarjetas de presentación de la sensibilidad de un diario- deben evitarse las imágenes lacerantes” (…) “En este caso, “La Vanguardia” logró conciliar el deber informativo de no ocultar la dura realidad con la protección deontológica de la dignidad y el honor de las víctimas y de sus allegados”.

1.2.- Tratamiento del dolor: aspectos éticos

En el libro Información y dolor. Una perspectiva ética, de Cristina López Mañero (Eunsa, Navarra, 1998) se señalan algunas cuestiones interesantes sobre el tratamiento de las informaciones de dolor:

– “que un asunto que implique dolor tenga interés informativo no quiere decir que necesariamente lo tenga el dolor y/o el sufrimiento concretos que genere en los sujetos dolientes. Con otras palabras, no por el hecho de que una noticia relacionada de un modo u otro con el dolor tenga interés informativo se debe mostrar necesariamente la imagen del doliente o reproducir sus palabras, sus lágrimas o sus sollozos” (p. 38)

Justificaciones que sostiene los medios para seleccionar estas informaciones de dolor: 1. “tales noticias y tales imágenes tienen valor informativo, que el sufrimiento y el dolor forman parte de una información al igual que lo hacen otros factores”, y 2. Que “el conocimiento de las desgracias ajenas puede contribuir tanto a advertir de la peligrosidad de ciertas actividades y a evitar que se repitan sucesos similares, como a crear un sentimiento de empatía con los dolientes que resultaría imposible de conseguir si no se informara y no se mostrara el sufrimiento y el dolor concretos”. (p. 42)

Matizaciones a estas justificaciones de los medios: 1. “Si bien es cierto que las tragedias y situaciones de dolor tienen interés informativo, para que efectivamente se puedan informar, tales asuntos han de pertenecer al ámbito público o comunitario y tanto el mensaje resultante como el proceso de su elaboración tienen que estar coordinados con los otros derechos humanos; en estos casos, especialmente, con los de los dolientes, que tienen derecho a que se respete su sufrimiento, su intimidad y su dignidad” (p. 42-43) .

Con respecto a la segunda justificación: no debemos utilizar a los dolientes como medios para conseguir los fines de prevención o efectos altruistas. El director ejecutivo del Providence Journal-Bulletin, M.J. Ogden, se preguntaba: “¿Cuál es el valor de mostrar una madre que acaba de perder a su hijo en un incendio? ¿Se supone que va a tener un efecto disuasorio en los pirómanos?” (p. 43)

– Con respecto a la difusión, habrá que tomar precauciones especialmente en dos momentos: cuando se lanza por primera vez una información, puesto que, además de que los datos suelen ser confusos, se corre el riesgo de que los allegados se enteren del suceso por los medios de comunicación (…); y cuando, por cumplirse alguna fecha que lo rememore o con motivo del juicio (…) la información no sólo haga revivir el dolor de los implicados, sino que, debido a un tratamiento incorrecto o inoportuno lo aumente innecesariamente” (p. 72-73)

Ahora bien: así como es fácil evitarlo cuando hay un solo implicado o un número reducido, muchas veces, debido a la dimensión de la tragedia, los medios no pueden ni deben retrasar la información correspondiente, y es precisamente a través de ellos como los familiares de quienes se han visto implicados, se enteran de la tragedia y pueden reaccionar con mayor rapidez y, en su caso, acudir al lugar de los hechos” (En este caso no se debe crear una alarma innecesaria) (p. 73)

En cuanto al hecho de avisar a los espectadores antes de difundir unas imágenes duras, puede ser útil sobre todo en el caso de aquellos sujetos dolientes que de este modo pueden decidir no verlas o estar, hasta cierto punto, psicológicamente preparados para hacerlo. Tales avisos resultan útiles también para evitar que las presencien niños o personas especialmente vulnerables. Y, sin embargo, pueden generar también las consecuencias contrarias a las que, en principio, se pretendían: que los receptores las contemplen movidos por el morbo y por la atracción de “lo prohibido” (p. 74)

– Con respecto a la difusión de imágenes, no será necesario el consentimiento: cuando las informaciones se refieren a la esfera pública, en razón del tema y del lugar; o si aparecen en la imagen de forma accidental o circunstancial personas que no son fundamentales en la información, siempre que lo sea de un asunto público y haya sido tomada en un lugar público (p. 130)

No se deberían difundir aquellas imágenes de sufrimiento y de dolor que degraden a la persona y que rebajen el respeto a la dignidad que merece todo sujeto, dignidad reflejada, en este caso, en su imagen. (p. 131).

Cuidar el buen gusto en las imágenes tiene que ver con el propósito del fotógrafo español Javier Bauluz, quien declaraba que a él no le interesa con sus fotografías revolver el estómago de los lectores, sino revolver sus corazones. (p. 132)

El criterio de justicia debe hacer referencia al hecho de no dedicar a una información o a una imagen determinada más espacio o tiempo del necesario (p. 145) (P. ej. Ralentizar la cámara, primeros planos, etc,)

La exigencia de novedad implica que no es admisible que se repita en exceso un mensaje (lo que, sin embargo, es frecuente que suceda con algunas declaraciones e imágenes televisivas especialmente impactantes (…) La repetición innecesaria de las imágenes o las declaraciones de sufrimiento y de dolor pueden suponer una injustificada reviviscencia dolorosa para quienes padecieron o están padeciendo esos acontecimientos. (p. 147)

El libro de estilo de ABC sólo hace alguna breve mención a estas cuestiones en el apartado dedicado a normas deontológicas. Así, por ejemplo, con respecto al derecho a la intimidad señala:

“En el tratamiento de informaciones en que medien elementos de dolor o aflicción en las personas afectadas, el redactor evitará la intromisión gratuita y las conjeturas innecesarias sobre sus sentimientos y circunstancias. Estas restricciones sobre intromisiones en la intimidad deberán observarse con especial cuidado cuando se trate de personas ingresadas en centros hospitalarios o en instituciones análogas” (Libro de Estilo de ABC, 2001: 176-177)

1.3.- Identificación de víctimas y detenidos e información sobre menores

Sobre la identificación de las víctimas y detenidos en informaciones sobre sucesos, el Libro de Estilo de El País señala:

1.7. En los casos de violación, el nombre de la víctima se omitirá, y solamente podrán utilizarse las iniciales o datos genéricos (edad, profesión, nacionalidad), siempre que no la identifiquen. También se emplearán iniciales cuando los detenidos por la policía o los acusados formalmente de un delito sean menores de edad (18 años).

El libro de estilo de ABC se refiere también al respeto al derecho a la intimidad de los menores e indica que “se ocultará la imagen y la filiación de los menores en las noticias que los impliquen negativamente” (177). Igualmente señala que no se identificará con su nombre completo a los delincuentes menores de edad, a las víctimas de violaciones o a quienes cometan suicidio. “Bastará, en cada caso, con las iniciales, salvo que la popularidad de la persona o el desbordante interés informativo del caso aconsejen renunciar a esta medida de discreción” (178). El libro de estilo de ABC añade, por otra parte, que esta misma norma -identificación sólo con iniciales– se seguirá también por razones de seguridad, por ejemplo en el caso de los miembros de las fuerzas de seguridad: se deberán respetar siempre las peticiones de discreción que sean formuladas por las fuentes.

1.4.- Tratamiento de la información sobre menores

La Unión de Periodistas Valencianos ha elaborado la publicación Pequeñas Manos (2004), un manual para periodistas sobre la protección de la infancia en los medios de comunicación. En este manual se señalan las siguientes pautas sobre cómo tratar a los niños y niñas en las noticias:

Como tratar a los niños y niñas en las noticias. (Unión de Periodistas Valencianos)

1. – La ley 1/96 (Ley de protección del menor) dictamina que el interés del menor tanto español como extranjero prevalece en todos los casos. Son menores los que no han cumplido 18 años.

– Se considera intromisión ilegitima cualquier imagen o información que pueda perjudicar su reputación, su honor o su intimidad aunque lo haya consentido el mismo o su representante legal.
– Nunca se pueden tomar imágenes de menores imputados en un caso judicial. Ni difundir imágenes o datos que puedan permitir la identificación del menor, ni dentro ni fuera de la sala.
– Tampoco se pueden obtener imágenes que puedan identificarle cuando comparecen como víctimas o testigos de un juicio, aunque padres o tutores lo hayan autorizado. Sólo pueden grabarse o fotografiarse de manera que sea imposible reconocerlos (de espaldas, ocultando la cara antes de difundir la imagen, etc.).

2. – La Fiscalía de menores señala que no se deberían captar imágenes de menores en el momento de comisión de delitos o infracciones, porque son contrarias al interés de los niños.

3. – En el tratamiento informativo de menores las preguntas sólo pueden hacerse a los niños en presencia de sus padres, representantes legales, tutores o profesores del colegio. Con niños enfermos además se han de valorar el tratamiento de la noticia, no perjudicando su intimidad, autoestima, etc.

4. – Al entrevistar e informar acerca de un menor, debe primar ante todo sus derecho a la intimidad y confidencialidad; y a ser protegidos frente al daño y las represalias reales o potenciales.

5. – Los intereses de los niños deben prevalecer sobre cualquier otra consideración, incluso cuando se trate de denunciar cuestiones de injusticia que afectan a la infancia, o de promover sus derechos.

6. – No se puede en ningún caso herir la sensibilidad de los niños. Hay que evitar preguntas, opiniones o comentarios que les enjuicien, les humillen, deterioren su autoestima, reaviven su dolor o sean insensibles a sus creencias o valores culturales.

Más recientemente, el Centro Reina Sofía ha editado el manual Cómo informar sobre infancia y violencia (2007), que es accesible en la siguiente dirección:

http://especo.net/infanciayviolencia/Como%20informar%20sobre%20Infancia%20y%20Violencia%20Web.pdf

Se indican a continuación las sugerencias finales que aporta este manual sobre cómo informar sobre infancia y violencia:

“Cómo informar sobre infancia y violencia” Javier Fernández Arribas; Myriam Noblejas. Centro Reina Sofía, 2007

Parte IV

Sugerencias sobre cómo informar

sobre infancia y violencia

A la hora de informar sobre infancia y violencia el periodista debe ser parte de la solución, no parte del problema. Por ello, sería recomendable tener en cuenta las siguientes sugerencias, fruto de la opinión de 775 profesionales de la información de toda España, periodistas de otros países y expertos que han participado en el Foro Internacional “Infancia y Violencia”, organizado por

el Centro Reina Sofía en Valencia (marzo de 2007):

—Informar de los sucesos relacionados con niños como si estos fueran tus propios hijos. Es decir, ponerse en el papel de las familias afectadas. A la hora de informar de estos asuntos no vale todo: la protección de menores es un derecho fundamental reconocido internacionalmente y como tal debe respetarse. Los menores son sujetos de derecho con plenos poderes.

—Aplicar los principios éticos elementales en el ejercicio de la profesión periodística. Buscar la veracidad de la información sin precipitaciones, con discreción y transmitirla con imparcialidad, rigor, transparencia y responsabilidad.

—Extremar el rigor y el celo profesional, confirmar el rumor y contrastar la información para no magnificarla, garantizar su credibilidad y ajustar su trascendencia para no alarmar.

—Contextualizar los sucesos: evitar informar sobre casos aislados e impactantes sin abordar sus causas y consecuencias. Valorar a tiempo la repercusión de lo que se publica o difunde, porque nuestro trabajo como periodistas va a influir en los ciudadanos del mañana y en su entorno familiar y social.

—A priori, cualquier periodista está preparado para cubrir una información sobre infancia y violencia. Sin embargo, la especialización resulta clave para contextualizar este fenómeno y abordar en profundidad sus causas, y sus efectos a corto, medio y largo plazo.

—Respetar la privacidad y confidencialidad de los menores, sean víctimas o agresores. En ninguno de los casos publicar su identidad, imagen, ni datos de su entorno que contribuyan a su identificación.

—Centrar más la atención informativa en el agresor y no tanto en la víctima. Evitar tanto la demonización del agresor como la justificación de sus actos. Somos periodistas, no jueces. No caer en la victimización de los menores que padecen violencia.

—No discriminar en función de nacionalidad, raza, religión, sexo, etc.

1.5.- Información sobre violencia de género

Además de los menores, otro colectivo que ha despertado especial atención a la hora del tratamiento de los sucesos es el de las mujeres víctimas de la violencia de género. En este sentido, el diario Público, ha elaborado recientemente un decálogo –asumido por otros colectivos­– para informar sobre violencia de género. El decálogo es el siguiente:

DECÁLOGO PARA INFORMAR SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO

(Diario Público. Enero de 2008)

1. Usaremos los términos “violencia de género”, “violencia machista”, “violencia sexista” y “violencia masculina contra las mujeres”, por este orden. Rechazamos las expresiones “violencia doméstica”, “violencia de pareja” y “violencia familiar” (*).

2. La violencia de género no es un suceso, sino un problema social. Por ello, no le daremos este tratamiento. No publicaremos fotos ni detalles morbosos.

3. Nunca identificaremos a las víctimas ni incluiremos información que pueda perjudicarlas a ellas o a su entorno.

4. Respetaremos siempre la presunción de inocencia de los agresores. Una vez haya sentencia condenatoria, los identificaremos debidamente, destacaremos el castigo e intentaremos incluirlo en los titulares.

5. Nunca buscaremos justificaciones o “motivos” (alcohol, drogas, discusiones…). La causa de la violencia de género es el control y el dominio que determinados hombres ejercen contra sus compañeras.

6. Evitaremos las opiniones de vecinos o familiares que no hayan sido testigos directos de los hechos. En cualquier caso, nunca recogeremos opiniones positivas sobre el agresor o la pareja.

7. Intentaremos ofrecer opiniones de personas expertas en la materia. Priorizaremos las fuentes policiales y de la investigación. No se informará con precipitación.

8. Sólo incluiremos testimonios de víctimas de malos tratos cuando no se hallen en situación de emergencia o bajo cualquier tipo de presión.

9. Denunciaremos también la llamada violencia continuada (agresiones, maltrato psicológico… aunque no tenga resultado de muerte).

10. Siempre incluiremos en la noticia el teléfono gratuito de ayuda a las víctima (016) y cualquier otra información que les pueda ser útil.

(*) Aunque la RAE no acepta oficialmente, por el momento, la expresión violencia de género, sí lo hace en la edición de su Diccionario Panhispánico de Dudas (octubre, 2005). También el  Diccionario de Español Urgente (Agencia Efe, 2000) afirma que el término “género” se emplea “para describir el distinto comportamiento de hombres y mujeres en la sociedad según las distintas condiciones en que se mueven: educación, familia, cultura, etc.”

1.6.- Información sobre suicidios

En la información relativa a suicidios, el Libro de Estilo de El País indica lo siguiente:

1.6. El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general.

 

 

ANEXO: Recomendaciones del Consell de L’Audiovisual de Catalunya sobre el tratamiento informativo de las tragedias personales. Se trata de un documento elaborado en febrero de 2001, con recomendaciones dirigidas tanto a autoridades como a empresas y periodistas audiovisuales. De ese documento, reseñamos a continuación las recomendaciones dadas a los profesionales de la información audiovisual, recomendaciones que, entendemos, serían extensibles a los profesionales de otros medios.

 

Recomendaciones del Consell de l’Audiovisual de Catalunya sobre el tratamiento informativo de las tragedias personales

Recomendaciones dirigidas especialmente a los profesionales de la información audiovisual

1. Conviene tener siempre presente que no es aceptable formular requerimientos a las víctimas en circunstancias inadecuadas, cuando no dispongan de libertad efectiva de elección o decisión o cuando puedan ver incrementado por cualquier motivo su sufrimiento. Se hace imperativo respetar su derecho a lo privado.

2. Se debe evitar, en general y hasta donde sea posible, recurrir a la participación de menores.

3. En el curso de la información sobre tragedias conviene dar prioridad a la reducción de las áreas de preocupación de la audiencia lo antes posible, para disminuir o evitar la angustia de muchas personas. Proporcionar una cita clara y rigurosa de las fuentes y una información detallada y precisa, probada y contrastada, es el mejor sistema para obtenerlo.

4. Resulta recomendable, en el tratamiento de las tragedias, evitar cualquier efecto o recurso que tenga una función preferentemente espectacularizadora.

5. Hay que procurar que en los planos de personas afectadas no se vulnere su privacidad. Incrementar con el zoom la sensación de proximidad de la cámara más de lo que se obtendría por observación directa a menudo puede vulnerarla.

6. No deberían obtenerse ni se tendrían que emitir primeros planos o planos cortos de personas heridas, en estado de choque o en situación de sufrimiento. En cualquier caso, nunca sin su consentimiento explícito.

7. Es preciso poner mucha atención en la reutilización de imágenes de archivo sobre sucesos trágicos, dado que pueden evocar bruscamente situaciones de sufrimiento intenso a mucha gente. En cualquier caso, estas imágenes tendrían que estar preferentemente despersonalizadas y no invocar tragedias personales si no es imprescindible.

8. Es conveniente introducir siempre un aviso con tiempo suficiente antes de la emisión de imágenes de escenas "duras", indicando claramente sus características y proporcionando a la audiencia la oportunidad efectiva de renunciar a su contemplación.

9. La distinción entre la cobertura en directo de un suceso trágico, su reconstrucción documental (hecha con imágenes y sonido pregrabados) o su recreación con ficción dramatizada, debe indicarse de forma inequívoca con el fin de no inducir a error a la audiencia.

10. Es conveniente proporcionar siempre, explícitamente, el contexto de las entrevistas o declaraciones de testigos directos o indirectos de las tragedias que tengan que emitirse. Especificando, por ejemplo, si se trata de declaraciones autorizadas por quien las realiza, si están solicitadas por la persona afectada o si se han obtenido mediante alguna otra fórmula de acuerdo.

11. En determinados casos, se debe intervenir en las imágenes y/o la voz para preservar el anonimato de los afectados y garantizar su intimidad.

12. Resulta fundamental para no suscitar temores innecesarios evitar cualquier especulación o conjetura sobre los sucesos trágicos, sus causas o sus consecuencias.

13. En ningún caso se pueden aventurar relaciones de víctimas hasta que no se tengan listas oficiales y comprobadas. También debe asegurarse que las personas implicadas y los familiares están al corriente de la información antes de que se difunda.

14. Conviene asimismo extremar la prudencia en el momento de construir discursos y secuencias de causalidad. Es especialmente imprescindible no prejuzgar ni incurrir en atribuciones de culpabilidad ni elaborar proyecciones de sospecha sobre personas (conductores, maquinistas, pilotos, etc.).

15. En la información sobre tragedias hay que estar particularmente atentos al léxico que se utiliza. Conviene evitar adjetivos, frases hechas y lugares comunes que dramaticen y espectacularicen innecesariamente el relato de un suceso y puedan atemorizar a víctimas, familiares o afectados potenciales.

16. Se debe extremar la cautela a la hora de emitir imágenes de videoaficionados. En cualquier caso, en la utilización de imágenes propias o de terceros sobre tragedias que afecten a personas, se recomienda que las imágenes hayan pasado por un proceso de edición y que no se emitan directamente. Sin embargo, la no-edición de las imágenes o la opción del directo no eximen de las responsabilidades a las que alude este documento.

17. Las imágenes de dolor referentes a tragedias producidas lejos del ámbito inmediato de referencia de los medios que las emiten se deben usar poniendo también especial atención evitando causar, a través de flagrantes diferencias de trato, un efecto de banalización del sufrimiento de los "demás" en contraste con el sufrimiento de proximidad. A menudo las imágenes que reflejan hambre, pobreza o dolor en los países pobres afectados por catástrofes pueden movilizar hacia la solidaridad, pero en ocasiones también pueden estereotipar su visión y ocasionar un daño moral.

18. Hay que tener presente la dificultad de asignación ponderada de "gravedad" o de "interés informativo" según el número de víctimas, el estatus, la raza, la edad… para no establecer comparaciones implícitas discriminatorias o lesivas para algunas víctimas o familiares o cualquier segmento de la ciudadanía.

Barcelona, febrero de 2001

 

También los códigos deontológicos, como el de la FAPE, el del Colegio de Periodistas de Catalunya o el Código Europeo de Periodistas recogen en algunos de sus artículos aspectos relacionados con las informaciones en que medien elementos relacionados con el dolor y la aflicción, o informaciones sobre menores, etc., que no difieren en lo esencial de lo ya mencionado.

2.- Efectos de la exposición a la violencia en los medios de comunicación

(* VER “TEORÍAS SOBRE LOS EFECTOS DE LA EXPOSICIÓN A LA VIOLENCIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Bibliografía:

CALERO, J.M. y RONDA, J. (2000): Manual De periodismo judicial, Sevilla, Universidad de Sevilla.

FERNÁNDEZ PEDEMONTE, Damián (2001): La violencia del relato. Discurso periodístico y casos policiales., Buenos Aires, La Crujía Ediciones.

HERRERO, Carmen (2003): Periodismo de sucesos y tribunales. Tratamiento informativo de la violencia social. Sevilla, Padilla Libros Editores & Libreros

LÓPEZ MAÑERO, Cristina (1998): Información y dolor. Una perspectiva ética. Navarra, Eunsa.

QUESADA, Montse (2007): Periodismo de sucesos. Madrid, Síntesis.

QUESADA, Montserrat (2003): “La especialización en sucesos y tribunales” en El Periodismo de Fuente. Salamanca, Universidad Pontificia, pp. 237-244


[1] CALERO, J.M. y RONDA, j.: Manual De periodismo judicial, Universidad de Sevilla, 2000, p. 183.

[2] FERNÁNDEZ PEDEMONTE, Damián: La violencia del relato. Discurso periodístico y casos policiales. La Crujía Ediciones, Buenos Aires, 2001.

[3] “El último as de la reina de corazones” en DI (Derecho de Información) en http://www.ucm.es/info/di/ladydi.htm

3 comentarios to “Tratamiento de la información sobre sucesos”

  1. Cristina López Mañero said

    Gracias por haber recogido mis ideas sobre el tratamiento informativo del dolor y enhorabuena por la página

  2. lavictimaenlosmedios said

    Gracias a tí, Cristina, por tan valiosa información.

  3. […] Tratamiento de la información sobre sucesos mayo, 2009 2 comentários 3 […]

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